Érase una vez en Roma, un hombre noble, de la familia patricia, que se llamaba Armando. Necesitaba encontrar el amor para hacerse rey de la antigua Roma y tener una reina.
Viajó a la región del norte de Italia para buscar a una mujer. Llegó cerca de una villa inmensa. Cuando bajó de su caballo, vio a una mujer extraordinaria. “¿Quién es esa mujer en la distancia?” preguntó el hombre. Su sirviente contestó, “Es la mujer que vive en esa villa cercana al lado del lago. Es la hija del rey de esta región y acaban de llegar a habitar en esta suntuosa villa.” Armando pensó para sí mismo “Necesito conocerla.”
Al día siguiente, Armando fue al lago, y bajo un árbol, empezó a escribir un poema sobre la mujer. Más tarde, escuchó el trote de un caballo en la distancia. Se veía venir a la mujer entre los árboles. Se levantó rápidamente y dejó su poema en el suelo. La mujer paró al ver al hombre. El hombre se presentó a la mujer.
“¡Hola! Me llamó Armando. Soy de Roma,” dijo él.
“Hola, me llamo Carolina. ¿Qué haces debajo de este árbol?” dijo la mujer asustada.
“Estaba admirando su villa y escribiendo un poema,” dijo Armando.
“¿Ah sí?, me encanta la poesía. ¿Me permites leer tu poesía?” dijo la mujer.
“Pues, sí,” tartamudeó Armando.
Él le dio el poema a ella. Ella leyó el poema, sonrió, y se dio cuenta de que el poema era sobre ella. Desde ese momento, los dos fueron inseparables.
Su noviazgo fue muy largo y romántico. Muchas noches asistían a festivales, y pasaban el tiempo con sus familias y amigos. Se cree que toda la gente pensó que eran novios perfectos. Una persona, sin embargo, pensó diferente. Un hombre adinerado en el pueblo de Carolina la había amado a ella desde que los dos eran jóvenes. Se llamaba Alejandro. En contraste con Armando, Alejandro no tenía una personalidad buena y era arrogante. Alejandro declaró que no quería que Carolina se casara con Armando. Empezó a tramar un plan para separarlos.
Cada día, Carolina recibía un regalo nuevo en su castillo. No había duda de que Armando le enviaba los regalos. Por ejemplo, recibió un telescopio un día con una nota que decía, “cuanto más te veo, más te amo.” El regalo favorito de Carolina fue un collar de diamantes y rubíes porque el collar pertenecía a la madre de Armando.
“Este collar tiene mucho valor emocional para mí porque mi madre lo llevaba cada día de su vida. Dudaba que existiera una mujer que tuviera la misma pasión que mi madre. Entonces, te encontré,” Confesó Armando a Carolina.
En este momento, los dos se dieron cuenta de que nunca querían separarse.
Un día en particular, el cielo era especialmente azul y los pájaros estaban especialmente alegres. Armando planeó el día entero. Se celebraron fiestas en honor de Carolina. Había gladiadores, magos, bufones, caballos, y elefantes. Después del entretenimiento, Armando cuchicheo a Carolina, “Tengo un regalo más para ti.” Armando la tomó de la mano, y la llevó al lago donde se conocieron. Debajo del árbol donde Armando escribió su poema, él se arrodilló y le presentó un anillo. Carolina empezó llorar y dijo que sí. Ellos se abrazaron y se besaron. Parecía que iban a ser felices para siempre, pero…
No comments:
Post a Comment