Monday, October 24, 2011

Episodio 3 - El reto

Escena 1


Alejandro ha encerrado Carolina en la torre más alta de su castillo.


Al: No te permito marcharte de mi castillo a menos que tú decidas quedarte voluntariamente.


C: ¡No! ¡Nunca te amaré! Eres antipático y no te mereces mi amor. Armando siempre será el dueño de mi corazón.


Al: Armando no puede gobernar tu país. Él es débil y no es inteligente.


C: No eres ni la mitad de hombre de lo que es Armando. Armando me ama a mí y tú solamente quieres la corona.


Al: Si Armando intenta encontrarte, lo mataré. ¡Nunca dirás su nombre otra vez! Y te interesará saber que tú y yo nos casamos mañana.


C: ¡No! ¡Nunca aceptaré casarme contigo!


Al: ¡Sí lo harás!


Alejandro abandona la torre furioso.





Escena 2


Armando va a ver a los padres de Carolina. Les promete devolverles a su hija y empieza su viaje.


A: ¡Ay de mí! ¡Carolina! ¡Cuánto sufro! ¡Qué gran frustración! ¿Por qué no te encuentro? ¿Por qué me castigan los dioses? ¿Qué hice mal? ¿Dónde estás Carolina? ¿Dónde puede tenerte Alejandro? Pero, un momento... ¿Será posible? ¿A caso te tendrá Alejandro en su castillo? ¡Allá voy mi amor! ¡A salvarte de las sucias garras del villano en su castillo! Pero necesito preparar una estrategia. De asegurarme de que Alejandro no gane la lucha.





Escena 3


Después de un viaje largo, Armando llega al castillo.


Al: ¿Qué haces aquí Armando?


A: Estoy aquí para salvar a mi amor, Carolina.


Al: No puedes tenerla. Voy a ser rey y cuando sea rey, derrocaré tú reino también. Nos casamos mañana y ya nada puedes hacer para evitarlo.


A: No hay manera de que ella acceda a casarse contigo. Ella me ama y lo sé. Eres más estúpido de lo que pareces si crees que tu plan funcionará.


Al: Te equivocas. Carolina cambió de parecer: está de acuerdo en casarse conmigo. Ella se da cuenta de que soy el único hombre para ella. Pero, tengo una propuesta para ti.


A: No me interesan tus propuestas. ¡Mientes!


Al: Deberías escucharme.


A: ¿Por qué?


Al: Porque podrías intentar demostrarle tu valía. Si luchamos por su amor en un duelo, quien gane puede casarse con ella.


A: ¡Sí! Estoy de acuerdo. Ganaré por Carolina.

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