Escena 1
Alejandro ha encerrado Carolina en la torre más alta de su castillo.
Al: No te permito marcharte de mi castillo a menos que tú decidas quedarte voluntariamente.
C: ¡No! ¡Nunca te amaré! Eres antipático y no te mereces mi amor. Armando siempre será el dueño de mi corazón.
Al: Armando no puede gobernar tu país. Él es débil y no es inteligente.
C: No eres ni la mitad de hombre de lo que es Armando. Armando me ama a mí y tú solamente quieres la corona.
Al: Si Armando intenta encontrarte, lo mataré. ¡Nunca dirás su nombre otra vez! Y te interesará saber que tú y yo nos casamos mañana.
C: ¡No! ¡Nunca aceptaré casarme contigo!
Al: ¡Sí lo harás!
Alejandro abandona la torre furioso.
Escena 2
Armando va a ver a los padres de Carolina. Les promete devolverles a su hija y empieza su viaje.
A: ¡Ay de mí! ¡Carolina! ¡Cuánto sufro! ¡Qué gran frustración! ¿Por qué no te encuentro? ¿Por qué me castigan los dioses? ¿Qué hice mal? ¿Dónde estás Carolina? ¿Dónde puede tenerte Alejandro? Pero, un momento... ¿Será posible? ¿A caso te tendrá Alejandro en su castillo? ¡Allá voy mi amor! ¡A salvarte de las sucias garras del villano en su castillo! Pero necesito preparar una estrategia. De asegurarme de que Alejandro no gane la lucha.
Escena 3
Después de un viaje largo, Armando llega al castillo.
Al: ¿Qué haces aquí Armando?
A: Estoy aquí para salvar a mi amor, Carolina.
Al: No puedes tenerla. Voy a ser rey y cuando sea rey, derrocaré tú reino también. Nos casamos mañana y ya nada puedes hacer para evitarlo.
A: No hay manera de que ella acceda a casarse contigo. Ella me ama y lo sé. Eres más estúpido de lo que pareces si crees que tu plan funcionará.
Al: Te equivocas. Carolina cambió de parecer: está de acuerdo en casarse conmigo. Ella se da cuenta de que soy el único hombre para ella. Pero, tengo una propuesta para ti.
A: No me interesan tus propuestas. ¡Mientes!
Al: Deberías escucharme.
A: ¿Por qué?
Al: Porque podrías intentar demostrarle tu valía. Si luchamos por su amor en un duelo, quien gane puede casarse con ella.
A: ¡Sí! Estoy de acuerdo. Ganaré por Carolina.
Monday, October 24, 2011
Thursday, October 13, 2011
Episodio 2 - La amenaza de Alejandro
Escena 1
Armando y Carolina se preparan para la boda...
A: Carolina, voy a anunciar al pueblo nuestra boda gloriosa.
A: Estimados ciudadanos, vamos a tener una gran boda en un mes y los invito a todos a celebrar con nosotros.
Los campesinos aplaudieron felices pero no todos estaban felices. En un callejón oscuro de la ciudad estaba Alejandro que no iba a permitir que esto sucediera.
Al: Carolina es la princesa de estos reinos. Debo casarme con ella para ser el gobernante de estos territorios. He de convencerla de que se case conmigo o de lo contrario tendré que obligarla.
Escena 2
Esa misma tarde Alejandro se dispone a conquistar el corazón de Carolina. En la villa, al abrir una puerta, Carolina se sorprende al ver de pie allí a Alejandro ante ella.
C: ¿Cómo has llegado hasta aquí?
AL: He venido aquí para ver tu cara preciosa, el brillo de tus ojos, mi dulce princesa.
C: ¡Dios mío...!
AL: Carolina, tienes que cancelar esta locura. ¿Casarte con un extranjero? Tú sabes que tengo más oro, más tierras, más de lo que Armando puede soñar.
C: ¡No no! Nunca dejaría a Armando. ¡Vete y déjame en paz! ¡Yo no te quiero! Te ves como una tortuga, que huele como un perezoso, y actúa como un burro… No insistas.
AL: Eres una princesa un poco ingrata, pero sé que me quieres. Y vamos a estar juntos, un día, te guste o no. Adiós mi diosa del Olimpo, volveré a por ti. Sé que te gusta este juego, pero no hay necesidad de que me sigas ahora, sólo tienes que esperar. No olvides que te lo advertí.
Alejandro se va y Carolina se queda un poco asustada.
Escena 3
Carolina corrió escaleras arriba y se arrojó en los brazos de Armando mientras comenzó a sollozar.
C: Algo terrible acaba de ocurrir. Tengo miedo. Algo malo va a suceder.
A: ¿Por qué?
C: Alejandro ha estado hablando conmigo ¡me amenazó! Ese hombre es malo y va a conseguir lo que quiere.
A: ¡No te preocupes mi amor voy a buscarlo ahora mismo! Ningún hombre va a hacer que mi futura esposa se sienta insegura. ¡Lo voy a encontrar y encerrarlo para siempre! Yo le mostraré que el mal nunca gana.
Armando sale en busca de Alejandro y deja a Carolina sola en su villa.
Escena 4
Armando vuelve a la villa muy tarde y no puede dar con Carolina.
A: ¿Dónde está Carolina?
Nadie supo responder.
A: ¡Por todos los dioses del Olimpo! ¿Qué le ha sucedido a mi amada? ¡Tenía razón! ¡Estaba en peligro! Mi pobre y dulce Carolina… El malvado Alejandro debe de haberla raptado. Si es así, tiembla Alejandro, voy a salvar a mi princesa y deberás pagar por tu crimen. No descansaré hasta que la encuentre. ¡Ni siquiera la muerte podrá impedirme salvarla!
Armando y Carolina se preparan para la boda...
A: Carolina, voy a anunciar al pueblo nuestra boda gloriosa.
A: Estimados ciudadanos, vamos a tener una gran boda en un mes y los invito a todos a celebrar con nosotros.
Los campesinos aplaudieron felices pero no todos estaban felices. En un callejón oscuro de la ciudad estaba Alejandro que no iba a permitir que esto sucediera.
Al: Carolina es la princesa de estos reinos. Debo casarme con ella para ser el gobernante de estos territorios. He de convencerla de que se case conmigo o de lo contrario tendré que obligarla.
Escena 2
Esa misma tarde Alejandro se dispone a conquistar el corazón de Carolina. En la villa, al abrir una puerta, Carolina se sorprende al ver de pie allí a Alejandro ante ella.
C: ¿Cómo has llegado hasta aquí?
AL: He venido aquí para ver tu cara preciosa, el brillo de tus ojos, mi dulce princesa.
C: ¡Dios mío...!
AL: Carolina, tienes que cancelar esta locura. ¿Casarte con un extranjero? Tú sabes que tengo más oro, más tierras, más de lo que Armando puede soñar.
C: ¡No no! Nunca dejaría a Armando. ¡Vete y déjame en paz! ¡Yo no te quiero! Te ves como una tortuga, que huele como un perezoso, y actúa como un burro… No insistas.
AL: Eres una princesa un poco ingrata, pero sé que me quieres. Y vamos a estar juntos, un día, te guste o no. Adiós mi diosa del Olimpo, volveré a por ti. Sé que te gusta este juego, pero no hay necesidad de que me sigas ahora, sólo tienes que esperar. No olvides que te lo advertí.
Alejandro se va y Carolina se queda un poco asustada.
Escena 3
Carolina corrió escaleras arriba y se arrojó en los brazos de Armando mientras comenzó a sollozar.
C: Algo terrible acaba de ocurrir. Tengo miedo. Algo malo va a suceder.
A: ¿Por qué?
C: Alejandro ha estado hablando conmigo ¡me amenazó! Ese hombre es malo y va a conseguir lo que quiere.
A: ¡No te preocupes mi amor voy a buscarlo ahora mismo! Ningún hombre va a hacer que mi futura esposa se sienta insegura. ¡Lo voy a encontrar y encerrarlo para siempre! Yo le mostraré que el mal nunca gana.
Armando sale en busca de Alejandro y deja a Carolina sola en su villa.
Escena 4
Armando vuelve a la villa muy tarde y no puede dar con Carolina.
A: ¿Dónde está Carolina?
Nadie supo responder.
A: ¡Por todos los dioses del Olimpo! ¿Qué le ha sucedido a mi amada? ¡Tenía razón! ¡Estaba en peligro! Mi pobre y dulce Carolina… El malvado Alejandro debe de haberla raptado. Si es así, tiembla Alejandro, voy a salvar a mi princesa y deberás pagar por tu crimen. No descansaré hasta que la encuentre. ¡Ni siquiera la muerte podrá impedirme salvarla!
Friday, October 7, 2011
Episodio 1 - El noviazgo
Érase una vez en Roma, un hombre noble, de la familia patricia, que se llamaba Armando. Necesitaba encontrar el amor para hacerse rey de la antigua Roma y tener una reina.
Viajó a la región del norte de Italia para buscar a una mujer. Llegó cerca de una villa inmensa. Cuando bajó de su caballo, vio a una mujer extraordinaria. “¿Quién es esa mujer en la distancia?” preguntó el hombre. Su sirviente contestó, “Es la mujer que vive en esa villa cercana al lado del lago. Es la hija del rey de esta región y acaban de llegar a habitar en esta suntuosa villa.” Armando pensó para sí mismo “Necesito conocerla.”
Al día siguiente, Armando fue al lago, y bajo un árbol, empezó a escribir un poema sobre la mujer. Más tarde, escuchó el trote de un caballo en la distancia. Se veía venir a la mujer entre los árboles. Se levantó rápidamente y dejó su poema en el suelo. La mujer paró al ver al hombre. El hombre se presentó a la mujer.
“¡Hola! Me llamó Armando. Soy de Roma,” dijo él.
“Hola, me llamo Carolina. ¿Qué haces debajo de este árbol?” dijo la mujer asustada.
“Estaba admirando su villa y escribiendo un poema,” dijo Armando.
“¿Ah sí?, me encanta la poesía. ¿Me permites leer tu poesía?” dijo la mujer.
“Pues, sí,” tartamudeó Armando.
Él le dio el poema a ella. Ella leyó el poema, sonrió, y se dio cuenta de que el poema era sobre ella. Desde ese momento, los dos fueron inseparables.
Su noviazgo fue muy largo y romántico. Muchas noches asistían a festivales, y pasaban el tiempo con sus familias y amigos. Se cree que toda la gente pensó que eran novios perfectos. Una persona, sin embargo, pensó diferente. Un hombre adinerado en el pueblo de Carolina la había amado a ella desde que los dos eran jóvenes. Se llamaba Alejandro. En contraste con Armando, Alejandro no tenía una personalidad buena y era arrogante. Alejandro declaró que no quería que Carolina se casara con Armando. Empezó a tramar un plan para separarlos.
Cada día, Carolina recibía un regalo nuevo en su castillo. No había duda de que Armando le enviaba los regalos. Por ejemplo, recibió un telescopio un día con una nota que decía, “cuanto más te veo, más te amo.” El regalo favorito de Carolina fue un collar de diamantes y rubíes porque el collar pertenecía a la madre de Armando.
“Este collar tiene mucho valor emocional para mí porque mi madre lo llevaba cada día de su vida. Dudaba que existiera una mujer que tuviera la misma pasión que mi madre. Entonces, te encontré,” Confesó Armando a Carolina.
En este momento, los dos se dieron cuenta de que nunca querían separarse.
Un día en particular, el cielo era especialmente azul y los pájaros estaban especialmente alegres. Armando planeó el día entero. Se celebraron fiestas en honor de Carolina. Había gladiadores, magos, bufones, caballos, y elefantes. Después del entretenimiento, Armando cuchicheo a Carolina, “Tengo un regalo más para ti.” Armando la tomó de la mano, y la llevó al lago donde se conocieron. Debajo del árbol donde Armando escribió su poema, él se arrodilló y le presentó un anillo. Carolina empezó llorar y dijo que sí. Ellos se abrazaron y se besaron. Parecía que iban a ser felices para siempre, pero…
Viajó a la región del norte de Italia para buscar a una mujer. Llegó cerca de una villa inmensa. Cuando bajó de su caballo, vio a una mujer extraordinaria. “¿Quién es esa mujer en la distancia?” preguntó el hombre. Su sirviente contestó, “Es la mujer que vive en esa villa cercana al lado del lago. Es la hija del rey de esta región y acaban de llegar a habitar en esta suntuosa villa.” Armando pensó para sí mismo “Necesito conocerla.”
Al día siguiente, Armando fue al lago, y bajo un árbol, empezó a escribir un poema sobre la mujer. Más tarde, escuchó el trote de un caballo en la distancia. Se veía venir a la mujer entre los árboles. Se levantó rápidamente y dejó su poema en el suelo. La mujer paró al ver al hombre. El hombre se presentó a la mujer.
“¡Hola! Me llamó Armando. Soy de Roma,” dijo él.
“Hola, me llamo Carolina. ¿Qué haces debajo de este árbol?” dijo la mujer asustada.
“Estaba admirando su villa y escribiendo un poema,” dijo Armando.
“¿Ah sí?, me encanta la poesía. ¿Me permites leer tu poesía?” dijo la mujer.
“Pues, sí,” tartamudeó Armando.
Él le dio el poema a ella. Ella leyó el poema, sonrió, y se dio cuenta de que el poema era sobre ella. Desde ese momento, los dos fueron inseparables.
Su noviazgo fue muy largo y romántico. Muchas noches asistían a festivales, y pasaban el tiempo con sus familias y amigos. Se cree que toda la gente pensó que eran novios perfectos. Una persona, sin embargo, pensó diferente. Un hombre adinerado en el pueblo de Carolina la había amado a ella desde que los dos eran jóvenes. Se llamaba Alejandro. En contraste con Armando, Alejandro no tenía una personalidad buena y era arrogante. Alejandro declaró que no quería que Carolina se casara con Armando. Empezó a tramar un plan para separarlos.
Cada día, Carolina recibía un regalo nuevo en su castillo. No había duda de que Armando le enviaba los regalos. Por ejemplo, recibió un telescopio un día con una nota que decía, “cuanto más te veo, más te amo.” El regalo favorito de Carolina fue un collar de diamantes y rubíes porque el collar pertenecía a la madre de Armando.
“Este collar tiene mucho valor emocional para mí porque mi madre lo llevaba cada día de su vida. Dudaba que existiera una mujer que tuviera la misma pasión que mi madre. Entonces, te encontré,” Confesó Armando a Carolina.
En este momento, los dos se dieron cuenta de que nunca querían separarse.
Un día en particular, el cielo era especialmente azul y los pájaros estaban especialmente alegres. Armando planeó el día entero. Se celebraron fiestas en honor de Carolina. Había gladiadores, magos, bufones, caballos, y elefantes. Después del entretenimiento, Armando cuchicheo a Carolina, “Tengo un regalo más para ti.” Armando la tomó de la mano, y la llevó al lago donde se conocieron. Debajo del árbol donde Armando escribió su poema, él se arrodilló y le presentó un anillo. Carolina empezó llorar y dijo que sí. Ellos se abrazaron y se besaron. Parecía que iban a ser felices para siempre, pero…
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